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Comportamiento - 20/03/2017

¿Tu smartphone o yo?

2 min Tiempo de lectura

Vas a una boda con tu pareja. No conoces a nadie. Después de todo, son amigos y antiguos compañeros de trabajo de tu pareja. Al llegar, tu pareja se muestra feliz de volver a ver a toda esa gente. Habla con uno, con otro y es arrastrada por un grupo hasta el otro lado del salón para saludar a quien sabe quién. Te quedas parado como pasmado esperando a que vuelva, porque no tienes adónde ir. Cuando vuelve, la conversación entre ustedes no dura demasiado. En medio de la historia que estás contando para tratar de animar el momento aparece alguien, sin ni siquiera mirarte y se pone a hablar con tu pareja, de forma más animosa de lo que te gustaría. No hay presentaciones. Te quedas indiferente y al llegar a casa comienza una discusión.

La escena anterior no puede considerarse aislada ya que ha sucedido más veces. Si nunca has pasado por algo parecido, piensa que perfectamente un día puedas sentirte así. El lado positivo es que esta situación termina cuando finaliza la celebración. Pero, ¿y cuando algo así sucede en tu propia casa, por ejemplo? ¿Y cuando estás viendo una película en la cama y tu habitación se ve invadida por tus amigos sin necesidad de entrar por la puerta, sino a través del smartphone? “El problema no está en el uso del teléfono, sino en la relación psicológica que uno tiene con él“, afirma Matthew Lapierre, profesor de la Universidad de Arizona que ha llevado a cabo una investigación sobre la influencia de los teléfonos móviles en las relaciones afectivas.

Según él, los celos no son porque tu pareja esté hablando, sino por el propio dispositivo. “Los smartphones son fundamentalmente diferentes de las tecnologías anteriores y por eso sus efectos son mucho más fuertes”. Según el estudio, los celos en la boda son completamente diferentes a los celos de la película en el sofá, porque la pregunta no es cuánto utiliza el móvil tu pareja sino cuánto está conectado/a a él. La investigación, publicada en la revista Psychology of Popular Media Culture y realizada por 170 alumnos, sugiere que cuanto más dependiente se siente una persona del teléfono, más dudas tiene acerca de su relación. Y su compañero/a demuestra también una insatisfacción y una tristeza mayor en la misma proporción.

Otro estudio publicado en la misma revista, realizado conjuntamente por la Universidad Estatal de Pensilvania y la Universidad de Brigham Young en Utah, llega a conclusiones similares. El estudio, realizado solamente entre mujeres, reveló que el 62% de las encuestadas afirman que sus novios revisan el teléfono durante una conversación de estas y que el 25% lo mueven. Los científicos concluyen que, aun en pequeñas dosis, la interferencia del teléfono durante una conversación puede conducir a la otra persona a sentir rechazo por la tecnología, empobrece la calidad de la relación, disminuye la sensación de felicidad en la vida y aumenta el riesgo de depresión.

Una de las responsables del estudio, Sarah Coyne, admite que ella utiliza el teléfono a veces de forma compulsiva. “Es un poco de locos que un investigador diga esto, pero el hecho es que, si nos dejamos llevar, estos aparatos pueden influir en nuestra vida”, afirma. Según ella, el no hacer un uso racional del smartphone, podría minar poco a poco una relación afectiva. El solo hecho de poner el teléfono sobre la mesa de un bar y mirarlo cada 5 minutos es ya una señal que puede disgustar a nuestro acompañante. Después de todo, ¿por qué necesitamos mirar el teléfono constantemente cuando estamos acompañados por otras personas? Por ello, Coyne da tres consejos para evitar que un dispositivo contamine y acabe con una relación:

1 – Cuando estés con tu pareja o compañero/a, pon el teléfono en silencio, alejado, en el bolso o en un cajón, de modo que te permita concentrarte solamente en la otra persona que está contigo;

2 – Si necesitas levantar el teléfono, que sea para algo realmente importante en ese momento. Pero antes pide permiso y explica el motivo de su uso;

3 – No te pongas a la defensiva ni trates de justificarte si tu pareja se queja de tu relación con el smartphone. Solo te está pidiendo cercanía y un poco de desconexión.

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